Estas son las mejores películas de Luis Tosar: descubre cuáles son las más valoradas
Dentro del inmenso y rico universo del cine español, pocos nombres resuenan con la contundencia de Luis Tosar. Hablamos de un actor dotado de una versatilidad apabullante y una profundidad interpretativa que muy pocos logran igualar. A veces, más allá de la típica película terrorífica de turno que buscamos en un par de plataformas para pasar el rato en Semana Santa, conviene detenerse en trayectorias con verdadero peso. Si repasamos su filmografía, nos embarcamos en un viaje que salta sin paracaídas desde el drama más doloroso hasta el thriller más asfixiante. Tosar no se limita a leer un guion; se transforma. Se mimetiza con cada uno de sus personajes hasta hacerlos asombrosamente genuinos, regalándonos obras que trascienden el mero entretenimiento y nos obligan a mirar de frente las grietas de nuestra sociedad.
Hitos de una carrera imprescindible Resulta casi imposible entender la industria cinematográfica patria de las últimas décadas sin detenerse en Celda 211. Este tenso thriller nos encierra entre los muros de una prisión amotinada, poniendo a prueba lealtades y el puro instinto de supervivencia. Tosar encarna a Malamadre, un líder tan carismático como letal que nos plantea dilemas morales extremos. Semejante despliegue actoral arrasó en los premios Goya y lo consagró como uno de los grandes de su generación.
Otra de sus cimas la encontramos en Te doy mis ojos. La cinta aborda la crudeza de la violencia doméstica con una sensibilidad inusual. Metido en la piel de Antonio, un hombre atrapado en una espiral de abuso y supuesto arrepentimiento, el actor nos entrega una actuación desgarradora. Destripa las contradicciones de su personaje con una honestidad brutal. Esa misma capacidad de adaptación brilla en Los lunes al sol, donde interpreta a José. Aquí nos dibuja el retrato de un hombre que intenta mantener intacta su dignidad en medio de la crisis y el desempleo. Es un canto a la amistad y a la resistencia humana que retrata a la perfección la realidad social del país, mezclando empatía y un sutil sentido del humor.
Si buscamos un registro emocional distinto, La flaqueza del bolchevique nos arrastra por una historia de amor prohibido y redención. Tosar, dando vida a Pablo, desafía las normas morales en un continuo pulso entre la tensión y la ternura. Años después nos arrastraría al fango del narcotráfico gallego con Quien a hierro mata. Interpretando a Mario, un enfermero consumido por la sed de venganza, volvió a confirmar que nadie sostiene el suspense en la gran pantalla como él.
El salto internacional: la magia oscura de Jessie Buckley Esa asombrosa habilidad para habitar múltiples identidades que admiramos en Tosar tiene hoy su eco al otro lado del Atlántico. Este año, la temporada de premios de Hollywood apunta directamente hacia una actriz que domina un estilo interpretativo radicalmente distinto, aunque igual de efectivo. Se trata de la irlandesa Jessie Buckley, quien se enfrenta a la actuación más polémica de su carrera.
La culpable es The Bride!, la nueva propuesta de Maggie Gyllenhaal tras la estupenda y recogida The Lost Daughter. Esta obra es un animal extraño. Cuenta con un plantel de artistas tan brillantes que sus nombres merecerían ir entre signos de exclamación, pero el resultado es un tropiezo monumental. La película intenta ser demasiadas cosas a la vez, chocando constantemente consigo misma. Pretende ser una historia de amor, una revisión del mito de Frankenstein, un largometraje de acción, un misterio de asesinatos, una comedia criminal y, de paso, una réplica a Pobres criaturas de Yorgos Lanthimos. Visualmente, su versión del Chicago de la Ley Seca parece un cruce imposible entre Manhattan y el Berlín de la República de Weimar. Al igual que unos vecinos problemáticos que invaden tu propiedad una y otra vez, sabes desde el primer minuto que semejante acumulación de ideas acabará en un completo desastre.
Múltiples rostros en un solo cuerpo Construida sobre un andamiaje de homenajes excesivos, la cinta se despeña por varios acantilados estilísticos. Pasa de hacer un guiño evidente al «Puttin’ on the Ritz» de El jovencito Frankenstein en una sala de baile, a que la propia banda de la película toque exactamente ese tema cinco segundos después. A pesar de este mal gusto, a ratos deliberado, The Bride! anhela ser una profunda obra feminista sobre las barreras impuestas a las mujeres. El resultado es tan caótico como ver a Joan Crawford pausando el metraje de Johnny Guitar para recitar el discurso de America Ferrera en Barbie, todo ello mientras los créditos finales suenan a ritmo de «The Monster Mash».
En el centro de este huracán narrativo destaca Buckley encarnando a la Novia. Tiene la ingrata tarea de interpretar múltiples roles, a veces de forma simultánea. Arranca la película como el fantasma de Mary Shelley, un capricho soberbio de Gyllenhaal, donde la actriz adopta un tono altivo digno del terror de la Hammer, forzando la dicción y exprimiendo su registro vocal más grave. De ahí salta a ser Ida, una joven prostituta de la mafia. Cuando el espíritu de Shelley posee a la chica, Buckley cambia de registro en milésimas de segundo para escupir torrenciales monólogos shakesperianos. Tras morir y volver a la vida, retoma el papel de Ida, pero ahora amnésica y rota, asaltada por brotes de la personalidad de la escritora. Incluso llega a canalizar la energía de Marlene Dietrich por razones que cuesta comprender. Es un trabajo salvaje que muy probablemente le otorgará un Oscar, cerrando el círculo de esas actuaciones camaleónicas que, ya sea en España o en Hollywood, dejan al público sin respiración.